martes, 6 de abril de 2010

Casa de las Américas



Prometeo encadenado





No se atreve la aurora
a despuntar
embravecido el mar
por la tormenta
pinta al cielo de negro
azota el viento
contra mi cuerpo azota
y me enloquece
la hora ya se acerca
desperté de mi sueño
por el viento
el águila se acerca
aún no escucho
el latido de sus alas
pero sé que se acerca
y que muy pronto el drama
comenzará de nuevo.

Cada día esperando
al águila infalible
sé de memoria
el brillo de sus ojos
ladea la cabeza
y empieza a picotearme
lentamente
hasta llegar al centro
a mis entrañas
allí viene
allí viene
la presiento
ni los rayos
ni el viento
la detienen
empieza mi agonía
¿quién podría quitarme
este miedo
este dolor?

Mojado está mi cuerpo
por las olas
arderán mis heridas
con la sal
una espera continua
una congoja
que nunca tiene fin
las rodillas me tiemblan
quiero hundirme en la roca
a la que estoy atado
es la única amiga
el único testigo
le traspaso mi miedo
y la siento temblar
acaricio a la roca
la acarician mis dedos
y la arañan
día a día
este suplicio
el águila no cede
hasta que el sol se oculta.

Poco a poco
a través de la noche
empiezan mis heridas
a sanar
y me conforta el sueño
no me incomodan las cadenas
ni siento más la urgencia
de levantar los brazos
hacia el cielo
y aullar.

Malditos sean Zeus
y su corte
de nada me arrepiento
logré robar el fuego
para el hombre
y el hombre hará prodigios
y afrentará a los dioses.

Me siento más humano
que divino
allí viene
allí viene
avizoro sus alas
no sé que es más siniestro
si la espera
o el pico del pájaro
en mi vientre.


El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua - 3 de junio de 2006
Claribel Alegría.