viernes, 25 de febrero de 2011

El canto de los Cronopios

















El NegritaCanto de los Cronopios




Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.



Cuando un cronopio canta, las esperanzas y los famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del coro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias.


Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.


J. Cortázar

miércoles, 23 de febrero de 2011

Aplastamiento de las gotas. J. Cortázar.















Aplastamiento de las gotas


Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.


Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.


martes, 22 de febrero de 2011

Imaginario social











Haciendo " El Mundo"...




La generación del consenso social, la construcción social de la hegemonía no es un mero hecho económico o político, sino tiene una dimensión imaginaria fundamental. Cuando hablo de imaginario, en primera instancia no me refiero a su uso especular o lacaniano, sino lo entiendo como el conjunto de significaciones sociales que permite y hace presente algo que no es, pero que en tanto futuro deseable es, y da sentido al discurso, a la acción y a las prácticas sociales, a la vez que permite definir estrategias y priorizar relaciones.

Uno de los estudios más acuciosos y serios del imaginario es el del filósofo griego Cornelius Castoriadis, a quien seguimos para plantear algunos aspectos fundamentales de este concepto no sin señalar que él lo desarrolla a lo largo de 500 densas páginas.

Castoriadis, entiende el imaginario, en una primera aproximación, como algo inventado, como primera representación que es capacidad, magma de creación permanente de la sociedad:

"ya se trate de una invención absoluta, de una historia imaginada en todas sus partes, o de un deslizamiento o desplazamiento de sentido, en el que los símbolos ya disponibles están investidos de significaciones diferentes de sus significaciones "normales" o canónicas..."[1]

"..Por el año 78 que Castoriadis dio una conferencia en México insistió fuertemente que hay creación, no producción de significados. No se produce ni se regula la significación. El imaginario es la fuerza que crea una entidad que no tenía forma anterior... El sentido no se produce en la sociedad, se crea..."[2]




Castoriadis, en el último capítulo de su obra "La Institución Imaginaria de la Sociedad", casi a modo de síntesis y a la vez de punto de partida para los lectores, realiza una segunda aproximación al concepto de imaginario radical:

"en el a-ser emerge el imaginario radical, como alteridad y como originación perpetua de alteridad, que figura y se figura, y al figurar esa alteridad y figurándosela, a modo de creación de imágenes que son lo que son y tal como son como figuraciones o presentificaciones de significaciones o de sentido. El imaginario radical aparece como social-histórico y como psique/soma. Como social-histórico, es río abierto del colectivo anónimo; como psique/soma es flujo representativo/afectivo/intencional. Aquello que en lo social-histórico es posición, creación, hacer ser, lo llamamos imaginario social en el sentido primero del término, o sociedad instituyente. Aquello que en el psique/soma es posición, creación, hacer ser desde el psique/soma, lo llamamos imaginación radical..."[3]

Poco más adelante, Castoriadis distingue el decir/pensar (legein) del hacer (teukhein). En toda sociedad hay un mínimo compartido, a partir del cual se puede imaginar lo diferente. Es importante señalar que imaginario en Castoriadis es un concepto hermenéutico, explicativo, no operatorio:

La institución de la sociedad es cada vez institución de un magma de significaciones, que sólo es posible dentro de y por su instrumentación en dos instituciones fundamentales, que hacen ser una institución identitaria-conjuntista de lo que es para la sociedad. La institución instrumental del legein es institución de condiciones identitarias-conjuntistas del representar/decir social. La institución instrumental del teukhein es institución de condiciones identitarias-conjuntistas del hacer social... Las dos se implican recíprocamente... Las dos son creaciones absolutas del imaginario social; pueden ser pensadas como "extraídas" del magma de significaciones instituídas, con la condición de recordar que es mediando el legein y el teukhein como ese magma puede ser, y ser para la sociedad considerada[4]".

Sin embargo, en un texto más reciente, Castoriadis expresa su pensamiento en una síntesis más apretada y presenta un amplio universo de conceptos acerca de lo que son las significaciones sociales imaginarias:

"Esa urdimbre es lo que yo llamo el magma de las significacionesimaginarias sociales que cobran cuerpo en la institución de la sociedad considerada y que, por así decirlo, la animan. Semejantes significaciones sociales imaginarias son, por ejemplo, espíritus, dioses, Dios, polis, ciudadano, nación, estado, partido, mercancía, dinero, capital, tasas de interés, tabú, virtud, pecado, etc...

Llamo imaginarias a estas significaciones porque corresponden a elementos "racionales" o "reales" y no quedan agotadas por referencia a dichos elementos, sino que están dadas por creación, y las llamo sociales porque sólo existen estando instituídas o siendo objetos de participación en un ente colectivo impersonal y anónimo..."[5]

A Castoriadis le interesa plantear la capacidad imaginativa de la sociedad, la capacidad imaginante, de crear, el imaginario no es representación de impulsos o de instintos; para él el imaginario es sociedad instituyente; sociedad a cierta distancia de sus instituciones, a veces demasiada, que lleva a la alienación; la sociedad instituyente es viva, está en tensión con lo instituído, sin embargo vive de esa tensión con lo instituído.

Wilhelm Mülhmann, desde perspectivas antropológicas y socioreligiosas, diferentes a las de Castoriadis, desarrolla algunos aspectos del imaginario social que permiten aproximarse a las tensiones que existen entre la sociedad instituyente y la sociedad instituida. En su libro Mesianismos revolucionarios del tercer mundo[6], Mülhmann, después de hacer un repaso de varios movimientos del sur y del este, en continua relación con los movimientos mesiánicos y milenaristas europeos, en un capítulo sobre "Las Leyes de evolución del movimiento", en un apartado referido al desarrollo de los movimientos en el tiempo, analiza la función del fracaso de la profecía que da origen a los mesianismos.

Señala que el carisma profético es una característica fundamental de los movimientos milenaristas, puesto que los profetas deben profetizar, anunciar cómo va a ser el futuro, y a partir de ahí generar el movimiento hacia él. La profecía puede cumplirse, fracasar o adecuarse a los acontecimientos.

Si la profecía se cumple, las circunstancias o contextos que permitieron su logro y la necesidad de consolidarla van llevando a los movimientos a la especialización y a la institucionalización para asegurarse, y esto se va desarrollando a contrapelo de posiciones divergentes o de sectores que pasan a ocupar lugares secundarios. Cuanto más pasa el tiempo entre el cumplimiento de la profecía y la institucionalización de las relaciones que permitieron cumplirla, más pueden surgir nuevos descontentos y hasta nuevos profetas.

Si la profecía no se cumple, los movimientos que se organizaron en torno a ella pueden entrar en crisis y desaparecer; pero también puede reconvertirse: achacar su fracaso a condiciones subjetivas de carácter ético, social, económico o político, y llamar a una purificación y a una mayor militancia para que en un nuevo tiempo pueda cumplirse; o bien la profecía puede proyectarse nuevamente hacia el futuro, reinterpretarse y convocar bajo nuevas formas y pactos, a renovar las formas de organización que permitan aproximarla.

"La mayor parte de los movimientos, (no todos sin embargo) sobreviven al fracaso de la profecía, pero no sobreviven a ello como movimientos. Cambian de estructura y se
institucionalizan como secta o como Iglesia, y este cambio de estructura, es ocasionado, entre otras factores, por el fracaso de la profecía. No es causa accidental, sino factor estructuralmente necesario... Es entonces cuando (el movimiento) se transforma en secta organizada. El fracaso de las predicciones provocó una reacción de desafío, y el vacío emocional fue llenado por un aumento de actividades de propaganda y de organización, muy eficaces por otra parte, pues se reclutan más prosélitos que antes. Precisamente porque la profecía no se cumplió, los protagonistas fueron presas de un impulso irresistible de convencer al mayor número posible de gente de la justeza de su fe...

La secta, como todo lo que es institucional, implica una regla, y por consiguiente un orden previsible; al contrario del "movimiento" que nadie sabe a dónde lleva en tanto que permanece fiel a su impulso.... institucionalizar es encontrar acomodamiento en la tierra, es transigir con la situación actual... un deslizamiento hacia las clases sociales que, lejos de ser sublevadas por las esperanzas mesiánicas se satisfacen muy bien del statu quo...[7]"

Esto nos lleva a afirmar que entre el campo imaginario y el campo de las prácticas sociales hay implicaciones mutuas, pues el imaginario supone prácticas sociales previas y las prácticas sociales suponen un imaginario que aparece en el tiempo como movilizador, como proyeccción hacia adelante, que se encarna y tiene efectos visibles. En este sentido, los conceptos de Mülhmann permiten establecer una tensión, entre imaginario y movimiento, pues ciertamente los movimientos en su andar generan nuevos imaginarios, que son negados en los procesos de institucionalización.




No existe una correspondencia automática entre los movimientos y su imaginario, no hay continuidad entre la profecía y las prácticas que genera, pues si se cumple se historiza, se encarna y se concreta, pierde su fuerza movilizadora, se institucionaliza; si la profecía no se cumple, es decir, si fracasa, tampoco moviliza, a menos que sea reinventada. Ahí se encuentra una permanente tensión teórica entre el imaginario y las prácticas sociales.

Mülhmann parte del imaginario sociorreligioso encontrado empíricamente en muchas experiencias del tercer mundo y de las herejías y disidencias religiosas europeas; sus concepciones ofrecen posibilidades para aproximarse al campo de la imaginación de los movimientos sociales que han desplegado las redes de ocpds, aunque ciertamente esta aproximación es analógica y tiene límites, pues, ¿hasta dónde es posible trasladar el corpus mülhmanniano a los resortes imaginarios de las organizaciones civiles sin traicionar un corpus teórico empleado esencialmente con fenómenos religiosos? Nos parece que tanto las prácticas religiosas y las civiles son eso: prácticas sociales que parten de una imaginación historizada, que como visión de futuro, les permite emprender marchas para aproximarse a su proyecto, pero las redes de ocpds lo conciben, de manera sartreana, no como destino ya dado, asignado, impuesto por otros o por los dioses, desde fuera, sino como futuro, como proyecto, cuando los actores, por decisión propia, se lo asignan como tarea, como futuro propio. Y es aquí donde se encuentran los límites de la analogía, pues en el campo religioso, la profecía puede aparecer más como destino y en el campo ciudadano más como proyecto. Lo que se comparte en ambos casos es la imaginación colectiva como movilizadora de los actores en el presente.

Regresando al concepto de imaginario en Castoriadis, antes de concluir este apartado nos interesa aludir al debate que éste tuvo con Claude Levi-Strauss, en torno a la reducción que éste último hacía de las significaciones imaginarias sociales a productos de la estructura de la sociedad y en torno a su comprensión de las instituciones como simples redes simbólicas. Esto permite profundizar, desde otros ángulos, en la comprensión y alcances del concepto de imaginario social.

Castoriadis señala que las significaciones imaginarias sociales no son un mero producto de la estructura social y que las redes simbólicas remiten a otras cosas diferentes: ¿por qué este sistema de símbolos y no otro?, ¿símbolos pensados por quién, cuándo y cómo?, ¿cómo se producen los nuevos sistemas de significados y de significantes?

"Las tendencias extremistas del estructuralismo resultan de que cede efectivamente a la "utopía del siglo", que no es "la de construir un sistema de signos sobre un solo nivel de articulación"[8] sino más bien eliminar el sentido (como otra forma de eliminar al hombre). Así se reduce el sentido a una interioridad no transportable, a un "cierto sabor", ya que no es identificable como una combinación de signos (aunque sólo fuera como su resultado necesario y unívoco)...

"Este fenómeno histórico constituido por Dios y por los que creen en Dios, supera infinitamente este "Nombre", es otra cosa, Dios no es ni el nombre de Dios, ni las imágenes que un pueblo puede darse, ni nada similar. Sostén, referente indicado por cada uno de esos símbolos, es, en cada religión, lo que lo convierte a los símbolos en símbolos religiosos, es una significación central, organizador de un sistema de significantes y significados, lo que sostiene los cruces entre unos y otros, lo que permite también su extensión, su multiplicación, su modificación...

Hay una creación imaginaria de la cual ni la realidad ni la racionalidad ni las leyes del simbolismo pueden dar cuenta,... que no necesita para existir ser explicitada en los conceptos o las representaciones y que actúa en la práctica y el hacer de la sociedad considerada como sentido organizador del comportamiento humano y de las relaciones sociales independientemente de su existencia para la conciencia de esta sociedad. El esclavo es metaforizado como animal y el obrero como mercancía en la práctica social efectiva mucho antes que lo hicieran los juristas romanos, Aristóteles o Marx."[9]

Señala también Castoriadis, que lo que no está en la horda primitiva, es el hecho de la institución de sí misma, de donde todos los demás elementos cobran sentido, no está simbolizada como tal:

"Este elemento, que da a la funcionalidad de cada sistema institucional su orientación específica, que sobredetermina la elección y las conexiones de las redes simbólicas, creación de cada época histórica, su manera singular de vivir, de ver y de hacer su propia existencia, su mundo y sus propias relaciones; este estructurante orignario, este significado-significante central, fuente de lo que se da cada vez como sentido indiscutible e indiscutido, soporte de las articulaciones y de las distinciones de lo que importa y de lo que no importa, origen del exceso de ser de los objetos de inversión práctica, afectiva e intelectual, individuales y colectivos, este elemento no es otra cosa que lo imaginario de la sociedad o de la época considerada. Ninguna sociedad puede existir si no organiza la producción de su vida material y su reproducción en tanto que sociedad... En lo que así aparece como margen de indeterminación se sitúa lo que es lo esencial desde el punto de vista de la historia... a saber que el mundo total dado a esta sociedad sea captado de una determinada manera práctica, afectiva y mentalmente, que un sentido articulado le sea impuesto, que sean operadas unas distinciones correlativas a lo que vale y a lo que no vale (en todos los sentidos de la palabra valer, desde lo más económico a lo más especulativo) entre lo que se debe y lo que nos se debe hacer." [10]

Castoriadis va y viene concretamente entre su visión filosófica, hermenéutica y las concreciones históricas de las instituciones imaginarias. Por eso, aún cuando se ubica en un campo filosófico, sus ejemplos constantes de formas concretas, histórico-sociales de la institución imaginaria de la sociedad, entrañan vetas de reflexión y de traducción de su pensamiento a la comprensión de problemas imaginarios de la sociedad moderna.

Esto nos lleva a entender los conceptos castoridianos como conceptos generales, referidos al campo del imaginario social. Es precisamente por esa visión global por lo que pueden hacerse diversas lecturas del imaginario social. Por ejemplo, la imaginación colectiva puede ser comprendida como una cristalización histórica, como magma de significaciones ya cristalizado en el tiempo y en el espacio, habiendo sido generado por la sociedad para modificarse y transformarse a sí misma. Sería posible una lectura donde un antropólogo tome las significaciones sociales imaginarias bajo un enfoque estructuralista de corte levistraussiano, aunque Castoriadis mismo advierte de los riesgos de una reificación del imaginario en el apartado de su obra titulado: las significaciones imaginarias sociales.

Pero también es posible la lectura que César Gilabert va a realizar en lógica Tourainiana, o la lectura de Ana María Fernández en lógica psicoanalítica. El pensamiento castoridiano representa una comprensión y una visión compleja de las instituciones imaginarias que deja abiertas varias posibilidades de análisis y comprensión.



2.2.1.1 Imaginario social, poder y estructuras de plausibilidad




Una psicóloga social, Ana María Fernández y un historiador, César Gilabert, cada uno por su propio camino, trabajan sobre la idea de utilizar, traducir o transferir los conceptos de Castoriadis a problemas sociales y políticos concretos. Veamos lo que señala la primera.



2.2.1.11 El Imaginario social y el poder



Ana María Fernández retoma a Castoriadis a partir de trabajar el concepto de Imaginario Social refiriéndolo al mantenimiento de la unidad de una sociedad históricamente determinada en el campo de la generación de la subjetividad colectiva a través de las formas de reproducción de las producciones de sentido, a la vez que vinculándolo estrechamente al ejercicio del poder y a los dispositivos[11] y prácticas que construyen subjetividades tanto individuales como colectivas.

"La cuestión de lo Imaginario Social en tanto universos de significaciones que instituyen una sociedad es inseparable del problema del poder...[12]"

También se pregunta acerca de la contradicción entre el mantenimiento de la unidad de una sociedad y la producción de nuevos sistemas de significación, lo cual equivale a preguntarse simultáneamente acerca de las prácticas y procesos de transformación de la subjetividad de dicha sociedad.

Señala que hay tres elementos básicos que permiten el funcionamiento del poder: la violencia o la fuerza, el discurso del orden y el imaginario social.

El derecho y la religión suministran los fundamentos últimos al discurso del orden, sustratos seculares o sagrados para emitir enunciados normativos y reglas de justificación, pero estos últimos necesitan también soportes mitológicos y rituales que puedan disciplinar mentes y cuerpos:

"Este universo de significaciones (Imaginario Social) hace que el poder marche haciendo que los miembros de una sociedad "enlacen y adecúen sus deseos al poder... Más que la razón, el imaginario social interpela a las emociones, voluntades, sentimientos, sus rituales promueven las formas que adquirirían los comportamientos de agresión, de temor, de amor, de seducción que son las formas en que el deseo se anuda al poder...[13]"

Fernández señala, en lógica psicoanalítica, citando a E. Mari[14], que
Castoriadis habla del imaginario social efectivo o instituido infiriendo que a éste corresponderían las significaciones imaginarias que anudan los deseos al poder, operando como organizadores de sentido de los actos humanos, estableciendo fronteras entre lo lícito y lo ilícito, entre el bien y el mal, entre lo debido y lo indebido, favoreciendo así la configuración de individuos y grupos en condiciones de reproducir la institución de la sociedad:

"En el término imaginario social, lo imaginario remite a otro orden de sentido: ya no como imagen de, sino como capacidad imaginante, como invención o creación incesante social-histórica-psíquica, de figuras, formas, imágenes, en síntesis, producción de significaciones colectivas...[15]"

De esta manera se producen narrativas que se repiten y se repiten en diferentes formas y en diferentes escalas, de tal manera que la retícula social, a través de la cual circulan esas narrativas, va configurando y destacando aspectos que puedan ser conocidos y preferidos subjetivamente, mientras que de manera simultánea se van proponiendo y haciendo públicas formas organizativas que puedan incluir o excluir las prácticas sociales valoradas o desvaloradas, relacionadas con dichas narrativas, instituyendo las significaciones, ofreciendo a la sociedad los intereses de un grupo como los intereses de toda la sociedad.

Este sistema de invención de su mundo percibe como amenazante o peligrosa cualquier alteridad, que es vivida siempre como ataque a su identidad. Por eso las transformaciones de sentido, lo instituyente, lo que lleva a nuevas significaciones no canónicas, aparece siempre en primer lugar como resistencia a lo instituido y combatiendo un orden de significación.

El imaginario radical o instituyente opera a partir de mitos como cristalizaciones de significación que son como organizadores de nuevos sentidos del quehacer, del pensar y del sentir de las mujeres y hombres de una determinada sociedad.

Los movimientos indígenas, los movimientos ecologistas, feministas, de derechos humanos, ponen en duda las significaciones imaginarias ya instituidas por la sociedad, y de cara a otros mitos a otras geografías imaginarias, crean algo que aspira a ser, a expresar y a alcanzar su autonomía, proponiendo otras relaciones sociales con la sociedad no indígena, con la naturaleza, entre los sexos, o con los gobiernos, impactando profundamente a las formas de comportamiento, a las prácticas sociales y a los sentidos instituidos de toda la vida social. Al plantear vías, organizadores de nuevos sentidos y de nuevas prácticas sociales que lo viabilicen, transforman la realidad:

"refieren a lo imaginario social no instituido, radical, instituyente siempre, utópico a veces, que da cuenta de la existencia de deseos que no se anudan al poder, que desordenan las prácticas, desdisciplinan los cuerpos, deslegitiman sus instituciones y en algún momento instituyen nueva sociedad...

La producción de subjetividad (formas de percepción del mundo social, institución de consensos, etc.) se inscribe en las luchas simbólicas por el poder de conservar o transformar el mundo conservando o transformando sus significaciones...[16]"

De hecho, la reflexión de Ana María Fernández está orientada fundamentalmente por la búsqueda del traslado del concepto filosófico castoridiano a su uso directo en psicología de grupos, olvidando que para Castoriadis se trata más de una visión de la vida que de una concepción operativa. Este salto lleva a Ana María Fernández a no establecer mediaciones y a operar directamente con el concepto de imaginario social, sin discriminar que para Castoriadis el imaginario efectivo es lo efectivamente imaginado, que es una implicación del imaginario radical, por lo que el imaginario nunca aparece como conjunto de significaciones instituidas por la sociedad o por los grupos, sino siempre como magma, como río abierto, como torrente de creación de significados.

Es por esto que a lo largo del trabajo emplearemos el concepto de imaginario social en la acepción de Castoriadis más que en la de Ana María Fernández. Y al referirnos a mediaciones o a conceptos operativos tomaremos más bien el término de imaginación colectiva o imaginación simplemente, que proviene de la antropología, tal como lo emplea Henri Desroche, del que hablaremos un poco más adelante.



2.2.1.12 Las estructuras de plausibilidad


César Gilabert es un historiador mexicano empeñado en desentrañar las producciones imaginarias que estuvieron presentes en el movimiento estudiantil popular de 1968, para ello, en una lógica que sigue de cerca a Alain Touraine, se aproxima al imaginario desde un cuerpo de conceptos que permitan encontrar los actores sociales y puedan vincular el imaginario a la acción social. Toma a Castoriadis como referente básico y busca la forma de operativizar sus conceptos centrales: llama imaginario instituidor al imaginario efectivo; y llama imaginario alternativo al imaginario radical.

"La producción imaginaria es una de las tantas claves que delata cómo los actores sociales se piensan a sí mismos, cómo conciben el mundo y cómo se relacionan con éste ... un mosaico de usos simbólicos, de representaciones, de producción diferenciada de significados... La teoría del imaginario social puede concebirse como una propuesta para articular los análisis acerca de la acción, los actores sociales, las motivaciones de éstos, así como sus proyectos y posibilidades.[17]"

A partir de ahí, Gilabert se esfuerza por encarnar los conceptos en situaciones históricas concretas del México posterior a la revolución de 1910 y después en el México presente en el movimiento estudiantil. De manera apasionante va reconstruyendo la producción del autoritarismo como institución imaginaria, con su centro en el presidencialismo generado y reproducido de la revolución a la fecha. Después Gilabert analiza con los mismos intrumentos el movimiento estudiantil de 1968, sus mitos, sus fiestas, sus luchas simbólicas, y sus construcciones imaginarias y las del gobierno: la del orden, que comprende la construcción imaginaria del enemigo, la conjura, el orden como producción imaginaria y el problema de la "otredad", y la producción imaginaria del delincuente.

Para Gilabert, hay que considerar la polaridad entre las producciones imaginarias "desde el poder" y las que se realizan "desde abajo".

Un concepto nodal, generado a partir de una combinación de las ideas de imaginario efectivo y de imaginario radical de Cornelius Castoriadis y de las ideas acerca de las condiciones de viabilidad para la socialización secundaria, provenientes de Berger y Luckmann[18], permite a Gilabert el planteamiento del papel del "hacer", de la "práctica", de las "acciones sociales" como formas de expresión y a la vez de comprensión del imaginario social. Las prácticas sociales son producciones sociales, y como tales son legibles y expresan, de manera dinámica, formas de concretar los mitos, los sueños y el imaginario que los movimientos tienen. En palabras del mismo autor:

"Las imágenes y las representaciones son necesarias porque incitan a realizar lo deseado, en la medida en que concretan lo presentido, lo soñado, mediante la elaboración de imágenes que prometen realizarse... Sin la acción, el imaginario es ininteligible. Cuando los deseos y las representaciones no conducen a ninguna práctica colectiva, es verdaderamente difícil afirmar o negar nada del imaginario social... Las aspiraciones contenidas en una utopía son el fundamento de un "querer", el cual implica, para realizarse, una actividad, esfuerzos concretos, dilucidación y hasta sacrificios...[19]"

Podemos decir que cualquier práctica social instala, ofrece, por la vía de los hechos, otro imaginario diferente al instituido, por lo menos para los grupos actores: "el movimiento de 68", "el movimiento urbano popular", o "el movimiento campesino", proponen e instalan un mundo validable para amplios sectores y masifican imaginarios distintos al instituido o instituidor.

Un elemento clave para conectar la noción de imaginario alternativo con las experiencias históricas se encuentra en un concepto empleado por Gilabert: "estructuras de plausibilidad", que se refiere a la resonancia simbólica y al reconocimiento social de las acciones, las visiones, los movimientos que los actores realizan en relación a sectores más amplios de la sociedad. Para Gilabert, la estructura de plausibilidad es aquella a través de la cual los otros se incluyen y viven, de alguna manera, en el mundo evocado y convocado como viable, como deseable, como apropiable:

"Las estructuras de plausibilidad". Es el espacio de contacto y de retroalimentación de los imaginarios. Corresponde a la conformación del sentido común en el nivel de la vida cotidiana. Supone la exteriorización de la socialización primaria... Estructura de plausibilidad nos remite a la base social de las relaciones humanas en la que se adquieren, mantienen y reproducen, los patrones sociales de conducta y sus significados, establecidos por la colectividad mediante el proceso de socialización... La plausibilidad es un mecanismo de resonancia simbólica... Asociación de un signo a una imagen y de ésta a un valor por el cual, quienes lo reconocen, pueden dar la vida, dando lugar al surgimiento de una identidad colectiva... cuando desde la sociedad civil se producen estructuras de plausibilidad que dan resonancia a nuevos modos de actuar y de normarse en la búsqueda del reconocimiento del "yo no-instituido"..."[20]"

Las estructuras de plausibilidad se inauguran o desarrollan en y a través de los procesos mismos de acción en que los actores, los que hacen las acciones, logran incluir en ellas y/o en el mundo imaginario que representan, a otros actores, los tocan, los convocan, los ven incluídos, los interpelan afectiva, simbólica e históricamente y éstos se sienten incluídos e interpelados.



Notas

[1] Castoriadis, Cornelius. L'Institution Imaginaire de la Société. Seuil, Paris, 1975, pág. 177, traducción mía que varía parcialmente de la traducción de la edición española: La Institución Imaginaria de la Sociedad, Ed. Tusquets, 1975, p. 219.

[2] Tomado de la conferencia impartida por el Dr. Raymundo Mier a la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones, en México, D.F., UAM-Xochimilco, el 23 de marzo de 1995.

[3] Castoriadis, Cornelius. Op. cit., pág 493 (traducción mía).

[4] Ibid. pág 494 (traducción mía).

[5] Castroriadis, Cornelius. Los dominios del hombre. Las encrucijadas del laberinto, Gedisa, Barcelona, 1988, p. 68.

[6] Mülhmann, Wilhelm E. Messianismes révolutionnaires du tiers monde, Gallimard, Paris, 1968.

[7] Mülhmann, Wihelm E. Op. cit., pp. 207-208 y 211 y 212.

[8] Levi-Strauss, Le cru et el cuit. Paris 1964, p. 32, Op. cit., citado por Castoriadis, Op. Cit., p. 241.

[9] Castoriadis, C. Op. cit., pp. 194, 197 y 199. (Traducción propia).

[10] Ibid. p. 198.

[11] "El dispositivo es la organización de elementos básicamente heterogéneos en función de un propósito específico" Manero Brito, Roberto. "Las elecciones en el imaginario social mexicano", González Navarro, Manuel y Delahanty Matuk, Guillermo (compiladores) Psicología Política en el México de Hoy, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1995, p. 12.

[12] Fernández, Ana María. "De lo imaginario social a lo imaginario grupal", Fernández, Ana María y De Brassi, Juan Carlos (compiladores). Tiempo Histórico y Campo Grupal, p. 70.

[13] Fernández, Ana María y de Brassi, Juan Carlos, en: "Tiempo Histórico y Campo Grupal. Masas, grupos e instituciones".Nueva Visión, Buenos Aires, 1993, p. 71-72.

[14] Citado por Fernández, Ana María, Op. cit., pp. 72-73. Mari, E. "El poder y el imaginario social", Revista La Ciudad Futura, No. 11, Buenos Aires, junio de 1988.

[15] Ibid. p. 74.

[16] Ibid. pp. 76 y 80.

[17] Gilabert, César. El Hábito de la utopía. Análisis del imaginario sociopolítico en el movimiento estudiantil de México, 1968. Instituto Mora-Porrúa, 1993, pp. 37 y 38.

[18] Berger, Peter y Luckmann, Thomas. La construcción social de la realidad. Amorrortu, Buenos Aires, 1979.

[19] Ibid. pp. 53 y 54.

[20] Ibid. pp. 65-66.

- Artículo publicado en Revista Vinculando: http://vinculando.or






lunes, 14 de febrero de 2011

La Juntaluz. Juan Gelman









La juntaluz (Fragmentos)

Madre-coro (candice):
el frío de los pobres que un día triunfarán / cruje
en el fondo del país / torturado / callado
crepita otoñando padeceres / se le caen
hojitas / olores secos / compañeros / se pudren
alimentando furias que vendrán / alma mía
que así crecés contra las bestias / dame
valor o fuego / pueda podrirme / continuar /
para que coma la victoria /

Madre-árbol (canta):
solicitud / penas / cuidado
de vos sin vos / como la beso
ya prolongado que me das
por arrabales del amor
donde crecés violentamente /
flor unitiva / derramada
como calor de corazón
donde la mundo se amujera
como una música de vos /
mirada suave de tu mano
como gorrión de vos / o vos /
volando amor / durando vidas.

Madre-coro:
odio / no me dejés /

Madre-árbol:
dame tu fuerza / amor /

Madre-coro:
para que no me olvide /

Madre-árbol:
para que no te olvide /.


viernes, 28 de enero de 2011

Imaginarios sobre el Amor. VI














Federico García Lorca (1898 - 1936)

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ODA A WALT WHITMAN

Por el East River y el Bronx
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.

Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.

Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.

Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.

¡También ese! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.

¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.

Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.

Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.

Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.

¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.

lunes, 24 de enero de 2011

Noam Chomsky. Diez estrategias de manipulación mediática.















1. La estrategia de la distracción

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

La estrategia de la distracciónes igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘ Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.


2. Crear problemas y después ofrecer soluciones

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.


3. La estrategia de la gradualidad

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.


4. La estrategia de diferir

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato.

Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.



...Alicia en el País V







Tiempos Hipermodernos






Cuando Lyotard acuña el concepto de “postmodernidad” a finales de los años setenta y escribe que ya “se han acabado los grandes relatos”, se palpa en las sociedades desarrolladas de todo el mundo una potente sensación de liberación.

El “narciso” cool, individualista y consumista que tan bien retrata Lipovetsky en La era del vacío y El imperio de lo efímero es un ser optimista en su gozo, un individuo que vive el presente, olvidado del pasado y sin preocupación por el futuro.

Veinte años después, esa euforia de los años postmodernos ya no es la misma. En Los tiempos hipermodernos, Lipovetsky advierte al lector del fin de la euforia.

El hedonismo del presente que caracterizó los años ochenta -la movida madrileña constituye una magnífica ilustración- ya no existe. En la hipermodernidad, el desempleo, la preocupación por la salud, las crisis económicas y un largo sinfín de virus que provocan ansiedad individual y colectiva se han introducido en el cuerpo social.


Para Lipovetsky el desarrollo de la globalización y de la sociedad de mercado ha producido en estos años nuevas formas de pobreza, marginación, precariedad del trabajo y un considerable aumento de temores e inquietudes de todo tipo. Sin embargo, la sociedad hipermoderna no ha supuesto la aniquilación de los valores. Al contrario, el hedonismo ya no estimula tanto


En la sociedad hipermoderna el peligro no viene por algo que precisamente la caracteriza, lo que Lipovetsky denomina hiperconsumo.

“Cuanto más se impone la comercialización de la vida, más celebramos los derechos humanos. Al mismo tiempo, el voluntariado, el amor y la amistad son valores que se perpetúan e incluso se fortalecen”. El peligro viene para Lipovetsky de otra parte. Procede de lo que él denomina una inquietante fragilización y desestabilización emocional de los individuos.

La debilidad de cada uno tendría su origen en el hecho de que cada vez estamos menos pertrechados para soportar las desgracias de la existencia, y ello no porque el culto al éxito o al consumo provoque esa fragilidad, sino porque las grandes instituciones sociales han dejado de proporcionar la sólida armazón estructuradora de antaño.

De ahí vendría la ola de trastornos psicosomáticos, depresiones y demás angustias con las que las distintas industrias que producen psicofármacos se enriquecen...



El eje central de la obra de Gilles Lipovetsky (1944) es el análisis del paso de la modernidad a la hipermodernidad en las sociedades desarrolladas. Francés de origen polaco, es profesor agregado de filosofía en la Universidad de Grenoble. En 1983 publicó La era del vacío, un texto en el que ya están puestos los cimientos de su visión de la sociedad actual. En él articula los grandes conceptos que le han proporcionado una reputación intelectual bien ganada: proceso de personalización, destrucción de las estructuras colectivas de sentido, hedonismo, consumismo, tensiones paradójicas en los individuos y en la sociedad civil, la seducción como forma de regulación social, rechazo de la violencia política y aumento de la consideración ciudadana de los valores de la democracia. La aparición en 1987 de El imperio de lo efímero convirtió a Lipovetsky en un intelectual globalizado con una inmensa capacidad de convocatoria.